En México se debe producir más con menos agua mediante agricultura regenerativa y climáticamente inteligente, financiamiento, aseguramiento, políticas integrales y gobernanza para reducir riesgos, costos y huella hídrica.
A esta conclusión llegaron el productor agrícola Roberto Félix Menchaca; Fidel Pérez García, asesor agrícola senior del International Finance Corporation y Jesús Antonio Lazcano, Presidente de la Asociación Nacional de Fondos de Aseguramiento, al participar en el panel “Encarando el Futuro del Agua”, realizado en el Summit 2025 “Navegando Rutas Alternas”, de Foro Mar de Cortés.
Los expertos en el tema coincidieron en que México enfrenta una tendencia negativa y una inercia cada vez más difícil de revertir por la sobreexplotación histórica del agua, aunque también creen que hay futuros posibles que se deben ajustar.
Roberto Félix Menchaca, quien es responsable del Proyecto Agricultura Regenerativa y Obtención de Certificados de Carbono de Grupo Unión, destacó que la transformación del agro sí es posible, como se ha avanzado desde Guamúchil, Sinaloa.
En su propia experiencia, el agua recorre 120 kilómetros antes de llegar a sus cultivos, pero lejos de verlo como un obstáculo, lo convirtió en una oportunidad para innovar, ya que adoptó prácticas de labranza de conservación y agricultura regenerativa que reducen el uso de agua y fortalecen el suelo.



El producto principal que siembra es el maíz, uno de los granos que se producen en México que usan un gran volumen de agua, sin embargo, bajo los métodos que adaptó logró una calidad importante que le ayudó a cerrar un contrato hasta 2050 con Grupo Bimbo, al demostrar que el grano tiene mayor proteína y minerales en comparación a los de riego tradicional. Ese maíz se utiliza para producir las tostadas Sanissimo.
Félix Menchaca ha logrado certificaciones, reducir costos, ahorrar agua y capturar carbono; ahora trabaja para incorporar trigo, frijol y garbanzo regenerativos y para formalizar bonos de carbono. Su propuesta es una estrategia que puede replicarse siempre y cuando se analice los contextos en las distintas regiones agrícolas de México.
Por su parte, Fidel Pérez García, recalco que es necesario que se comience a aplicar una agricultura climática eficiente.
“No es una moda, sino una necesidad estructural para producir alimentos sin exacerbar la crisis hídrica”, enfatizó.
Recordó que solo 5.3 millones de hectáreas cosechadas en el país tienen acceso a agua y que casi el 80 por ciento del riego sigue siendo por gravedad. Este método limita la productividad y crea barreras de acceso al crédito para los pequeños productores, especialmente quienes producen en temporal.
Y de acuerdo con Jesús Antonio Lazcano Gastélum, la tensión económica se muestra en la caída del seguro rural, pues se ha visto reducir la superficie asegurada desde 2.4 millones de hectáreas en 2018 a 1 millón en 2023.
Los problemas que explican esta caída son la sequía, la falta de incentivos agrícolas para un cambio en los esquemas de siembra y la desaparición de Nacional Financiera, que dejó un vacío que aún no ha sido absorbido por la banca ni por el capital privado.
“Frente a pérdidas multimillonarias por la sequía, la resiliencia tecnológica, como drones, monitoreo satelital y gestión eficiente de primas, no alcanza sin política pública que acompañe”, apuntó.
El diagnóstico actual, puntualizó, no basta con tecnificar el riego, como se ha propuesto a nivel federal, sino que el futuro del agua exige visión integral, en la que se hagan políticas públicas enfocadas a reducir la huella hídrica, crear cadenas de valor sostenibles y gobernanza para largo plazo.
Para los panelistas, encarar el futuro alimentario de México significa producir más, pero únicamente con bases sólidas para el cuidado y uso estratégico del agua.









