En una región costera del noroeste de España, donde los viñedos parecen flotar sobre acantilados mirando al Atlántico, nació La Ola, un vino blanco de uva albariño que lleva la salinidad del viento en cada sorbo. Su creador, el viticultor Eladio Piñero, lo elaboró en honor a su esposa.
Ella solía decir que ese vino le recordaba “el abrazo del viento salado” al pararse frente al mar. Esa historia, dice la sommelier Ángela Ritz, representa la esencia de Carta Viva, un proyecto que fundó junto con Mónica Tarriba y Carolina Cañedo en Culiacán.
“La Ola es el tipo de vino que queremos compartir, pequeño productor, sostenible, con una historia que contar y una conexión viva con la tierra”, explica.
El nombre “Carta Viva” alude tanto al catálogo de vinos como al concepto de vitalidad que hay detrás de cada botella.
“Nuestros vinos están despiertos porque vienen de la tierra, y como todo lo vivo, nacen, evolucionan y también mueren,” explica Ritz.
Carta Viva surgió de la amistad y de un propósito común, que es acercar el vino a una comunidad poco acostumbrada a él, como Culiacán. Para las tres socias, Ángela encargada de la curaduría, Mónica del marketing y Carolina de la administración, en Sinaloa el reto no era vender vino, sino derribar prejuicios.
“Se trata de quitarle el miedo al vino. Que la gente entienda que el vino no es una bebida pretenciosa ni exclusiva”, dice Ángela Ritz.
Con una selección de 50 etiquetas, Carta Viva apoya y recomienda vinos con certificaciones orgánicas y producidos en pequeñas vinícolas de Francia, España, Alemania y Argentina. No son vinos para los anaqueles de supermercado.
El modelo de Carta Viva va más allá de la venta, pues ofrecen asesorías personalizadas para quienes quieren iniciar o mantener una cava, seleccionan etiquetas a pedido y promueven catas educativas en eventos locales. Su enfoque ha sido Sinaloa, con presencia en Culiacán, Mazatlán y Los Mochis, aunque poco a poco comienzan a llegar a otras ciudades del norte.
En un estado donde el marisco y la cerveza dominan la mesa, Carta Viva representa una nueva ola, una que busca integrar el vino a la gastronomía sinaloense desde la cercanía.












