En Culiacán, hace 18 años, Horacio Gastélum y Raúl Rojo iniciaron un proyecto que buscaba ofrecer arreglos florales con un lenguaje distinto, más contemporáneo y personal, Corazón de Violeta, una floristería que con el tiempo se convirtió en una marca reconocida por su estética cuidada y su manera de traducir emociones en diseño.
Desde sus primeros años, la firma construyó una propuesta basada en el detalle, pues cada ramo, caja o arreglo responde a un propósito, ya sea celebrar, acompañar, agradecer, y se distingue por una selección minuciosa de flores, texturas y colores.
El sello de la marca está en su producto: arreglos que se perciben como piezas únicas, con un estilo reconocible. En su operación cotidiana, el equipo trabaja como un taller creativo donde se desarrollan nuevos diseños, se prueban combinaciones y se renueva constantemente el catálogo, manteniendo un estándar visual que ha definido su reputación.



En años recientes, Corazón de Violeta también dio el paso hacia un modelo de expansión mediante franquicias, con presencia en ciudades como Tijuana, Los Mochis, Mazatlán, Culiacán, Guadalajara, Uruapan y Playa del Carmen.
A lo largo de estos 18 años, la empresa ha logrado convertir el diseño floral en una experiencia reconocible, donde cada entrega conserva un componente artesanal y emocional.
Hoy, Corazón de Violeta celebra su aniversario como una marca que ha sabido sostener su esencia: hacer de las flores un oficio de precisión, sensibilidad y narrativa, y consolidar desde Sinaloa una propuesta que sigue marcando diferencia en el mercado floral mexicano.









