En Scala Academia de Música, la formación parte de una idea de que cada alumno avanza cuando está preparado, no cuando el calendario lo dicta, una filosofía que ha sostenido el proyecto durante casi tres décadas, con una oferta educativa que atiende desde la iniciación artística infantil hasta la preparación de músicos en activo.
“Scala surge por la vocación de enseñar. Se trata de tener ese afán de acompañar, de ayudar a que el alumno descubra sus capacidades y las desarrolle con herramientas reales”, explica Efraín Montoya Camacho, director de la escuela.
La oferta académica incluye canto, guitarra, ukelele, teclado, batería e iniciación artística. Esta última está dirigida a niñas y niños de 4 a 6 años, como un primer acercamiento a la música, el canto, la danza y la expresión artística. A partir de los 7 años, los alumnos pueden iniciar con instrumentos, siempre considerando aspectos como coordinación y desarrollo psicomotriz, que son evaluados por los maestros antes de avanzar.



Uno de los ejes del modelo es la atención personalizada, pues las clases de canto se imparten de forma individual, mientras que los instrumentos se trabajan en grupos pequeños con seguimiento uno a uno.
“Aquí la atención personalizada es una práctica diaria. Aunque haya clases grupales, el maestro trabaja directamente con cada alumno, atendiendo sus necesidades y su ritmo”, señala Gloria Alicia González Demerutis, también directora de la Academia
El trabajo pedagógico se apoya en un equipo docente con formación profesional y experiencia activa en la música. Los maestros de Scala cuentan con estudios especializados y trayectoria tanto en la enseñanza como en la práctica musical, lo que permite atender distintos niveles de exigencia. En el área de canto, la academia ha trabajado también con intérpretes que se desempeñan en la industria musical, como Carolina Ross y Ernesto León de Grupo Código FN o Samuel Sarmiento de la Banda Recoditos, quienes han acudido a la escuela para preparación vocal y acompañamiento técnico en proyectos profesionales.
Cada alumno marca su propio avance, con acompañamiento constante del maestro.
“No trabajamos con escalones predeterminados; el alumno va avanzando conforme desarrolla habilidades, confianza y control. Es importante que vea resultados y que el aprendizaje sea una experiencia positiva”, explican los directores.
En ese camino, la elección del repertorio también es parte del método, pues los estudiantes trabajan canciones de su interés, lo que refuerza la motivación y el compromiso con la práctica.
Más allá de la técnica, la formación musical en Scala busca impactar en dimensiones personales. La escuela observa que el aprendizaje de un instrumento o del canto fortalece la concentración, la disciplina y la autoestima, especialmente en edades tempranas. Desde esa perspectiva, la academia es un espacio educativo donde la música funge como una herramienta de desarrollo integral, sostenida por la vocación docente y una relación cercana entre maestros, alumnos y familias.








