“En la época en la que estamos hay muchas de las cosas que deberíamos resolver que no podríamos sin la ayuda de una computadora, el problema no es la tecnología, sino quedarnos sin ella”.
La reflexión, inspirada en Isaac Asimov, es punto de partida para entender el momento actual de la inteligencia artificial: una tecnología en auge, pero también rodeada de percepciones incompletas y expectativas desbordadas.
Para Elda Quiroga, directora nacional de la carrera en Ingeniería de Tecnologías Computacionales del TEC de Monterrey, uno de los
principales desafíos es separar el uso cotidiano de la inteligencia artificial de su dimensión técnica.
El crecimiento acelerado de estas herramientas ha impulsado a empresas y organizaciones a integrarlas, muchas veces sin una estrategia clara.
En este escenario, el rol del ingeniero de software también está cambiando. La automatización de tareas como la generación de código ha reducido tiempos, pero ha elevado la exigencia en otras áreas.
Este cambio impacta la formación académica, ya que más allá de aprender lenguajes de programación, las nuevas generaciones deberán fortalecer habilidades como el pensamiento crítico, la solución de problemas, la comunicación efectiva y la interacción con sistemas de inteligencia artificial.
Otro fenómeno relevante es la democratización del desarrollo tecnológico. Plataformas low-code y no-code permiten que personas sin formación especializada puedan crear aplicaciones básicas, lo que amplía el acceso a la tecnología y reduce costos. Sin embargo, esto no elimina la necesidad de perfiles técnicos avanzados.
El reto no es frenar el avance de la t ecnología, sino integrarla de manera consciente. La inteligencia artificial puede optimizar procesos, reducir costos y ampliar capacidades, pero sigue dependiendo de decisiones humanas para su desarrollo y aplicación, concluye Elda Quiroga.









