Un murciélago de peluche sobre un archivero; una repisa con una diminuta figura de ajolote y libros especializados; las paredes están cubiertas por ilustraciones de guacamayas verdes y otras aves de la región, junto a carteles de investigación y conservación.
El espacio no es solo la oficina de Yamel Rubio Rocha, es una extensión de su trabajo en campo, un pequeño ecosistema donde la vida silvestre dialoga con la ciencia.
Su trayectoria como bióloga, profesora e impulsora de proyectos de conservación ha estado marcada por esa mezcla de rigor académico y asombro permanente por la naturaleza.
La sinaloense Yamel Rubio pertenece a la primera generación de la licenciatura en Biología de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS). Con maestría en Ecología y doctorado en Ciencias Agropecuarias por la UNAM y la UAS, respectivamente, es profesora investigadora de tiempo completo.
Su carrera se consolidó en territorio, pues en Cosalá impulsó los inventarios biológicos que dieron sustento al decreto de la Reserva Ecológica del Mineral de Nuestra Señora en 2002. Más tarde, en San Ignacio (su otra casa, como la llama) el jaguar se convirtió en eje de un proyecto que trascendió el monitoreo científico para convertirse en estrategia comunitaria.
“No nos interesaba solo saber cuántos jaguares había, sino cambiar la visión de la gente”, explica.
De ese proceso nació el Museo del Jaguar en 2012, como un espacio impulsado junto con la comunidad de Cabazán para fortalecer la educación ambiental.
Su historia profesional también es la de una mujer que abrió camino en campo, en equipos mayoritariamente masculinos, mientras formaba una familia y consolidaba su carrera académica.
Con más de tres décadas como bióloga, Yamel Rubio reconoce que su mayor aprendizaje ha sido entender su propio valor en un entorno exigente.








