Curioso por una tendencia que a mediados de los años noventa comenzaba a perfilar un nuevo estilo de consumo, el puro como símbolo de estatus entre deportistas, músicos y actores internacionales, Pedro Fernando Moreno Bórquez vio una oportunidad que definiría el camino que emprendería.
“En 1995 y 1996 me di cuenta de la creciente moda por esta afición, aparecían en todas partes portando y disfrutando de un puro; de allí vi que era un buen negocio”.
Ese impulso lo llevó a abrir, en 1997, una tienda especializada que evolucionó en un cigar bar con marcas de todo el mundo. En paralelo, comenzaron a surgir sus primeras líneas propias: La Casa del Puro y Pedro Moreno.
Hoy, al frente de su fábrica, Moreno orienta su trabajo hacia el desarrollo humano y la consolidación de procesos más rigurosos.
“Estamos convencidos es de que estamos realizando algunas cosas diferentes, como la selección del tabaco, su fermentación, maduración y añejamiento, y sobre todo el gran trabajo de nuestros maestros artesanos torcedores”, describe Pedro Moreno, cuya filosofía se sustenta en un proceso celoso y meticuloso que busca asegurar que cada hoja alcance su mejor expresión.
Uno de los principales retos que enfrenta provienen de la información poco precisa que circula entorno a la industria y de ciertas limitaciones regulatorias. Aun así, Moreno se muestra optimista sobre el futuro del mercado, pues observa un creciente interés de nuevas generaciones.
“Estamos trabajando en concientizar a las nuevas generaciones la conexión con el origen de los frutos de nuestra madre tierra. Estamos en campaña de conciencia y moderación en los jóvenes que están iniciando la afición por el puro”.
Después de casi tres décadas en la industria, el empresario resume su aprendizaje en una combinación de disciplina y apertura.
“Lo más importante para mí es disfrutar el viaje y el proceso vivido”.











