Cuando una empresa asegura ser responsable, ¿basta con decirlo? Para Seibi Ninomiya Cázarez, consultora especializada en sostenibilidad y responsabilidad social, la respuesta es que solo los hechos comprobables sostienen el discurso. Seibi Ninomiya acompaña a organizaciones en la implementación de estrategias de sostenibilidad, a través de metodologías japonesas con modelos de gestión social para guiar a las empresas hacia un objetivo común: ser coherentes entre lo que declaran y lo que practican.
“Asegurar el cumplimiento de aquello que la empresa dice que hace es esencial para evitar el greenwashing, socialwashing o cualquier otra forma de simulación”, afirma.
Las auditorías, explica, permiten verificar si los compromisos asumidos se traducen realmente en acciones. Pero más allá del cumplimiento, la evaluación tiene un propósito estratégico, que es identificar los impactos, positivos y negativos, que la operación genera en colaboradores, clientes, proveedores y comunidades. “Cuando reconozco esos impactos, puedo decidir con mayor facilidad hacia dónde invertir mis recursos”, puntualiza. Este enfoque, agrega, conecta directamente con los objetivos empresariales, ya sea vender más, expandirse o reducir la rotación de personal.
Este ejercicio, subraya Seibi Ninomiya, ha pasado de ser una iniciativa voluntaria a una exigencia del mercado, pues
“los clientes y proveedores piden que las empresas no solo implementen, sino que demuestren que realmente lo hacen, con mediciones e impactos comprobables”, dice.
Esa transparencia es la que permite traducir la sostenibilidad en confianza y competitividad.
El concepto de responsabilidad social no es nuevo, pero su aplicación ha evolucionado. Desde los años cuarenta, cuando economistas como Milton Friedman la reducían a la generación de utilidades, hasta la década de los ochenta, con la irrupción del desarrollo sostenible, la noción empresarial del “buen hacer” ha madurado. Hoy, asegura Seibi Ninomiya, las empresas están entendiendo que la sostenibilidad comienza por casa.
“Primero deben mirar hacia adentro y asegurarse de operar de manera congruente con los valores que promueven”.
Esta evolución también transformó la manera en que las empresas destinan recursos. Si antes los presupuestos se dirigían casi exclusivamente a obtener distintivos o apoyar causas sociales, hoy se invierten en fortalecer los procesos internos.
“La responsabilidad social implementada es un tema de mejora continua. Si yo mido, puedo mejorar y disminuir mis impactos. Y eso, en esencia, es la responsabilidad social”, dice Seibi Ninomiya.
El mercado, además, está premiando esa coherencia. De acuerdo con el Informe de Responsabilidad Social Corporativa de América Latina, Sherlock Communications 2024, el 70% de los consumidores mexicanos prefiere comprar a empresas socialmente responsables, mientras que 44% considera que las compañías tienen un papel clave en el cuidado del medio ambiente.
Además, el mismo estudio revela que el 70% de los colaboradores elige trabajar en organizaciones con políticas claras de equidad, seguridad y bienestar laboral. Para Seibi Ninomiya, estos porcentajes confirman que “clientes, medio ambiente y colaboradores están alineados en una misma conversación que exige coherencia y compromiso real”.
¿Y qué papel juegan los distintivos como el ESR de Cemefi en este escenario? Seibi Ninomiya aclara que una empresa puede ser socialmente responsable sin tener un reconocimiento formal, pero los sellos funcionan como indicadores visibles de procesos internos sólidos. Para explicarlo, recurre a una imagen sencilla:
“Si tengo dos tazas de café idénticas, y sé que una apoya a cafetaleras mujeres y la otra no, pero tiene distintivos y sellos que garantizan sus prácticas, probablemente me detenga a mirar qué hay detrás de ambas. El sello no es la meta, pero sí un punto de partida para generar confianza”.











