Helados Ricco no ha sobrevivido seis décadas por inercia. Fundada en 1964, la empresa ha sostenido su vigencia combinando una premisa clara: innovar sin perder el “sabor de los buenos tiempos”.
Para el Lic. Juan Antonio Pavlovich Campoy, director general de Helados Ricco, la decisión estratégica más relevante ha sido mantener una capacidad constante de adaptación sin renunciar a la esencia que la convirtió en referente regional.
La fórmula ha sido doble: preservar recetas tradicionales que forman parte de la memoria colectiva del noroeste y, al mismo tiempo, modernizar procesos productivos y de distribución mediante automatización y eficiencia industrial. Esa integración entre identidad artesanal y tecnología ha permitido a Ricco escalar con consistencia y control de calidad.


Hoy, la compañía concentra su crecimiento en tres frentes: fortalecer ejecución comercial en sus mercados actuales, diversificar su portafolio con nuevas formulaciones y presentaciones, incluyendo líneas light sin azúcar añadida y evaluar expansiones geográficas de forma selectiva y rentable.
El origen sonorense no es solo un dato geográfico; es parte del posicionamiento. La disciplina, el trabajo constante y la cercanía con el consumidor forman parte del ADN corporativo. Esa identidad regional se convierte en ventaja competitiva frente a marcas nacionales e internacionales.
“Con baja rotación de personal y equipos multigeneracionales, la empresa apuesta por talento de largo plazo. El objetivo no es solo crecer, sino consolidar una organización sostenible que trascienda generaciones”, menciona el director general.









