Sonora está frente a un momento clave. Existen condiciones para acelerar su crecimiento económico y atraer nuevas inversiones, tanto en sectores ya consolidados como en aquellos de rápido desarrollo, como la tecnología.
Por un lado, avanzan esfuerzos claros para atraer más inversión a la entidad, como la incorporación de Hermosillo al Programa Nacional de Polos de Desarrollo del Bienestar, parte del Plan México anunciado en junio pasado por la presidenta Claudia Sheinbaum y el gobernador Alfonso Durazo. Estos polos buscan consolidar centros industriales sustentables y sientan las bases para un crecimiento ordenado en el estado. Por otro lado, se perfila una potencial nueva ola de inversiones asociadas al avance de la inteligencia artificial, especialmente por la instalación de centros de datos.
Pero para que ambas oportunidades se materialicen, hay un elemento en común: contar con energía. Tanto el fortalecimiento del posicionamiento industrial de Sonora como las inversiones emergentes ligadas a la IA dependen de ello. Para ilustrarlo, en el caso de los centros de datos, más del 50% de sus costos operativos proviene del consumo energético. Por tanto, ahí se encuentra la primera gran oportunidad energética en el estado, es decir, en desarrollar la infraestructura que permita sostener este crecimiento en el largo plazo.
Sin embargo, junto a esa oportunidad, existe otra igual de importante y quizá aún más transformadora: la oportunidad social del sector energético.
Mientras una línea de acción busca garantizar el suministro confiable y asequible que demandan las industrias, la otra apunta a generar prosperidad desde lo micro, asegurando que más personas y comunidades tengan acceso a la energía.
Es lo que se conoce como justicia energética, un concepto que cobra fuerza en México y el mundo. De la mano, los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, en particular el número 7, busca garantizar el acceso a “una energía limpia y asequible, clave para el desarrollo de la agricultura, las empresas, las comunicaciones, la educación, la sanidad y el transporte”.
Según datos de las Naciones Unidas, 733 millones de personas en el mundo aún no tienen acceso a la electricidad, una cifra que refleja la urgencia de actuar desde todos los frentes, público, privado y social; porque la energía es desarrollo. No solo mueve fábricas o parques industriales, también cambia vidas. Permite estudiar de noche, conservar alimentos, operar clínicas y mucho más.
En Sonora ya existen ejemplos de cómo la inversión social o la labor de fundaciones corporativas vinculadas al sector energético puede marcar la diferencia. Una acción que ha resultado particularmente exitosa para llevar energía a quienes más lo necesitan consiste en instalar paneles solares en centros de atención a grupos vulnerables. Clínicas comunitarias, casas hogar, residencias para adultos mayores e instituciones educativas son espacios donde esta inversión genera un impacto multiplicador. Ejemplos puntuales donde esto se ha aplicado son instituciones como la Posada del Buen Samaritano, la Fundación Padre Pedro Villegas o el Centro de Formación para la Mujer IAP, todas en Hermosillo.
¿Por qué es tan estratégico hacerlo así? Porque al beneficiar a instituciones que cuidan de los demás, no solo se hacen más sustentables sus operaciones, también se generan ahorros que se transforman en más recursos para su misión. Con los paneles solares, los gastos eléctricos tradicionales disminuyen, los ahorros se acumulan mes a mes y esos recursos pueden destinarse a educación, salud, cuidado o cualquier otra labor social. Es una muestra contundente del papel de la energía como primer eslabón de bienestar y prosperidad.
Un elemento clave para que estos esfuerzos prosperen es la colaboración. Cuando los sectores público, privado y social trabajan de manera coordinada, los beneficios se amplifican y llegan más lejos. Un ejemplo de ello es el proyecto “Mi Escuela Sustentable”, enfocado en sustituir aires acondicionados en escuelas de Sonora para mejorar la eficiencia energética y, de la mano, el aprovechamiento de las y los estudiantes.
Esta iniciativa fue posible gracias al trabajo conjunto entre la Secretaría de Educación y Cultura del estado, que identificó la necesidad y fungió como facilitadora; la organización Grameen de la Frontera, responsable de la ejecución; y Fundación Sempra Infraestructura, que aportó los recursos. Varias escuelas resultaron beneficiadas, y aunque puede parecer una acción sencilla, contar con aulas con aire acondicionado representa una diferencia significativa en la concentración, el bienestar y el aprovechamiento escolar.
Vemos así las dos oportunidades energéticas de Sonora como dos fuerzas que se complementan. Una impulsa la competitividad y la inversión industrial; la otra fomenta inclusión y bienestar social. Ambas son necesarias para construir un futuro energético responsable, sustentable y con visión de largo plazo.
Por: Cristina Kessel, directora de Sustentabilidad de Sempra Infraestructura y directora de Fundación Sempra Infraestructura.










