El aumento de usuarios de celulares en todo el mundo ha generado una preocupación creciente por la dependencia digital, sobre todo entre adolescentes y jóvenes.
En 2024, según datos del American Addiction Center, más de 6,800 millones de personas utilizaban teléfonos inteligentes, y el 6.3 por ciento de ellos mostraba signos de adicción.
Este fenómeno se ha visto agravado por el incremento en la cantidad de mensajes y notificaciones recibidas: los usuarios reciben un 427 por ciento más de notificaciones y envían un 278 por ciento más de mensajes que hace diez años, lo que refleja una presión constante por mantenerse conectados.
En este contexto, Gabriela Nguyen, estudiante de máster en Política y Análisis de la Educación en la Universidad de Harvard, según publicó Infobae, ha impulsado una estrategia innovadora para combatir la hiperconexión digital.
Nguyen, quien creció en Silicon Valley rodeada de tecnología desde temprana edad, fundó Appstinence, un movimiento que cuestiona la normalización del uso compulsivo de redes sociales y dispositivos.
La iniciativa plantea una pregunta central: “Las redes sociales son opcionales, ¿por qué nadie nos lo dice?”, una reflexión que ha despertado el interés de estudiantes, padres y empresas.
El método propuesto por Appstinence se denomina protocolo 5D y está dirigido principalmente a jóvenes que han crecido inmersos en la tecnología y experimentan una relación de dependencia con sus dispositivos.
Este protocolo, desarrollado en Harvard, establece cinco pasos progresivos para recuperar el control sobre el tiempo y la atención, los cuáles son:
- Disminuir el uso de aplicaciones.
- Desactivar cuentas.
- Eliminar perfiles de manera definitiva.
- Cambiar a un dispositivo de transición, como un teléfono plegable sin acceso a internet.
- Abandonar por completo el smartphone.
La estrategia se inspira en los enfoques de abstinencia utilizados en el tratamiento de adicciones, con el objetivo de interrumpir el ciclo de estímulo y respuesta que caracteriza el uso compulsivo de la tecnología.
La experiencia personal de Nguyen ha sido fundamental en la creación de este método. Antes de adoptar una desconexión total, Nguyen intentó limitar el uso del teléfono mediante restricciones de tiempo y desintoxicaciones digitales, pero ninguna de estas estrategias resultó efectiva para romper el vínculo con el dispositivo.
La decisión de abandonar las redes sociales y el smartphone marcó un punto de inflexión en su vida. Al optar por un teléfono básico sin acceso a internet, la universitaria experimentó una transformación: recuperó la capacidad de mantener relaciones cara a cara, mejoró su concentración y experimentó una mayor libertad mental.
El movimiento, integrado por un grupo de estudiantes, ha logrado captar la atención de otras universidades, así como de padres y empresas, aunque su principal foco sigue siendo la comunidad universitaria.
Entre las iniciativas promovidas por Appstinence destaca la reducción del uso de dispositivos en las aulas, con el propósito de mejorar la calidad de la atención y la interacción en el entorno académico.
“Es como un entrenamiento, y si lo haces metódicamente y con apoyo, funciona mejor”, sostuvo Nguyen.
Trasciende fronteras
El fenómeno de la desconexión digital trasciende las fronteras de Estados Unidos. En Países Bajos surgió una propuesta similar denominada El Club Offline, que organiza encuentros en cafés y espacios compartidos donde los participantes se dedican a actividades como la lectura, la conversación o la música, sin la presencia de dispositivos.









